Tal vez no lo notas, pero tu respiración dice mucho sobre cómo está tu sistema nervioso.
Cuando estás bajo estrés, en modo lucha o huida, tu cuerpo entra en un estado de alerta constante. Y lo primero que cambia… es tu forma de respirar.
Así se ve una respiración disfuncional cuando hay estrés:
- Rápida y superficial, principalmente desde el pecho, no desde el abdomen.
- Inconsistente, con suspiros frecuentes o sensación de no poder llenar los pulmones.
- Boca abierta, incluso en reposo, lo que reduce la calidad del oxígeno que entra.
- Tensión en hombros y cuello, como si estuvieras “respirando con el cuerpo entero”.
- Exhalación corta, lo que mantiene al cuerpo en estado de alerta, sin permitir relajación.
Este patrón no es casual. Es la respuesta automática de un sistema nervioso simpático activado.
La respiración se vuelve un reflejo del estrés que no siempre reconoces mentalmente… pero que tu cuerpo sí siente.
¿La buena noticia?
Respirar de forma funcional y consciente es una de las herramientas más poderosas para calmar tu sistema nervioso, activar tu estado de seguridad y regresar a un ritmo más regulado, centrado y presente
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